Si Escuchas Su Voz

Bienaventurados Los Pobres

Posted

Jesús, en el Sermón de la Montaña, expone su programa, en el cual declara dichosos a los pobres, a los afligidos, a los ‘marginales’ de la sociedad, porque el Señor es su defensor y en Él han puesto su confianza. Las bienaventuranzas, constituyen como el núcleo del mensaje de Jesús (Cf., Mt, 5, 1-12: Lc 6, 20-26). Las bienaventuranzas echan por tierra tantos esquemas y modos de pensar muy de moda hoy en día (en una sociedad consumista). Las bienaventuranzas no son una forma de consuelo o tranquilizante para la gente que sufre; son, por el contrario, indirectamente, una denuncia de situaciones de injusticia que contravienen el designio de Dios para el hombre. No se puede pretender “espiritualizar” las bienaventuranzas vaciándolas de contenido social y de implicancias éticas. No olvidemos que san Lucas, junto a las bienaventuranzas pone también las ‘desventuranzas’: pobres de los ricos, porque tienen ya su consuelo; pobres de los que se sienten hartos o satisfechos, porque luego tendrán hambre; desventurados los que ahora ríen, porque después llorarán (Cf., Lc 6, 24-26). Las bienaventuranzas, dice el papa Francisco, son como el “carné de identidad del cristiano”, son “un programa de vida”, de modo que para ser un buen cristiano “es necesario hacer lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas”(Homilía en la misa del día 9 de junio de 2014).

Jesús proclama bienaventurados a los ‘pobres’; pero, ¿Quiénes son estos pobres? Algunos han querido relativizar el concepto de “pobreza”, argumentando que Jesús no pretendía cambiar la situación de pobreza (en términos socio-económicos y políticos) de la sociedad de su tiempo, su mensaje sería “exclusivamente religioso”; más aun - según señalan dichos autores-, Jesús no se referiría a la “pobreza material” sino a una “pobreza espiritual”. De ese modo, pretenden justificar que se puede ser muy rico (en términos económicos) y a la vez “pobre espiritualmente”. ¿Es eso realmente posible? En el Evangelio de Mateo, al hablar de las bienaventuranzas, ciertamente, se habla de los “pobres de espíritu”, pero dicha categoría no pretende contraponerse a la de pobre materialmente hablando. La pobreza puede ser enfocada desde distintas perspectivas: económica, social, política, ética, religiosa, etc. La pobreza, en una primera acepción, tiene un componente “material” (como privación de algo necesario para el hombre que le permita vivir dignamente: alimento, vivienda, salud, vestido, educación, etc.,), y debe ser analizada desde los hechos objetivos en que se manifiesta (precariedad, carencia de medios adecuados de subsistencia, etc.); pero, obviamente, el concepto de pobreza no se agota en un análisis socio económico y sus implicancias. La pobreza, en términos evangélicos, es también presentada desde la perspectiva de la interioridad del ser humano, como actitud (pobreza espiritual) frente a los bienes materiales. En el primer caso (pobreza material), se trata de una pobreza generada, que tiene causas estructurales, expresa una situación de injusticia, resultando contraria al designio de Dios; esa “pobreza” nunca puede ser considerada como un valor. Otra cosa es la pobreza asumida por solidaridad con los pobres, como expresión de desprendimiento y toma de distancia frente a los bienes materiales. Jesús mismo, al venir a este mundo, asumió la condición de los pobres, vivió una pobreza material real en solidaridad con ellos, y una pobreza espiritual de total desprendimiento de las cosas materiales con una absoluta confianza en el Padre. No cabe, pues, hacer una lectura reduccionista o ideológica de la pobreza en la Biblia.

En una sociedad, con un modelo económico que considera el lucro como el fin supremo, parecería carente de sentido hablar de la pobreza como un valor. En muchos países sigue vigente el modelo económico neoliberal (que responde a una ideología), en el cual no hay mucho espacio para la justicia y solidaridad. Lo que cuenta allí son las cifras macroeconómicas, las estadísticas, las reglas del libre mercado antes que las personas. Los seguidores de la ideología de moda aplican dogmáticamente sus recetas económicas sin importarles mucho el costo social, piensan que sus recetas tienen un poder casi mágico para resolver todos los problemas de la sociedad. Se cree dogmáticamente que a más inversiones privadas habrá más puestos de trabajo, más riqueza y mejores condiciones de vida para todos. Para atraer las inversiones consideran absolutamente necesario “flexibilizar las normas laborales” (un eufemismo utilizado para referirse al recorte de derechos laborales a los trabajadores). Para validar la eficacia del modelo se presentan las cifras estadísticas que hablan del crecimiento del Producto Bruto Interno, la reducción de la inflación, el mayor consumo, etc.; sin embargo no se logra explicar por qué no se reduce significativamente las brechas de exclusión, los índices de desnutrición en los más pobres; no se habla de la “precariedad de las condiciones laborales” de los trabajadores que ganan por debajo de lo mínimo necesario para vivir dignamente como personas. Los beneficiados del crecimiento económico suelen ser los grandes inversionistas que ven incrementadas rápidamente sus ganancias. Los pobres, en ese modelo, son considerados como “mano de obra barata”, necesarios para que funcione bien el sistema. El papa Francisco ha rechazado, en muchas ocasiones, esa visión ideológica, el consumismo materialista que se niega a reconocer al otro como hermano y que no deja espacio para la solidaridad.

Dice el Señor, a través del profeta Isaías: “pobres de aquellos que dictan leyes injustas y con sus decretos organizan la opresión, que despojan de sus derechos a los pobres de mi país e impiden que se les haga justicia...” (Is 10, 1ss). El libro del Eclesiástico nos dice que privar del pan a los pobres es un crimen. “Quitar al prójimo su sustento es matarlo, privarlo del salario que le corresponde es derramar su sangre” (Si 34, 21ss). Dios se presenta como el defensor del pobre; Él no dejará de escuchar la súplica del que clama justicia, “si el afligido invoca al señor, Él lo escuchará” (Cf., Sal 33, 18). La doctrina Social de la Iglesia nos dice que la persona es el fin de la sociedad, de las instituciones, no lo es la economía.

No es extraño pues, que Jesús proclame bienaventurados a los pobres, a los que sufren. Con esto no se quiere decir, obviamente, que Jesús esté de acuerdo con la situación de pobreza. La situación de extrema pobreza es contraria al designio de Dios, pues degrada la persona, no le permite realizarse en todas sus potencialidades. El Señor nos pide no aferrarnos a las cosas, no buscar el bienestar económico por encima de todo, pisoteando a los demás. Por otra parte, ser pobre (materialmente hablando) no garantiza que se tiene “pobreza” como actitud espiritual.

Tener actitud de pobreza es estar desprendido de las cosas, saber usar las cosas y el dinero no como un fin sino como un medio a nuestro servicio, no podemos convertirnos en esclavos de las cosas, eso sería una forma de idolatría. Dios quiere que seamos verdaderamente libres, el que vive aferrado al dinero ya no es libre, se ha deshumanizado. Bienaventurado es aquél que tiene una actitud de pobre, porque no está aferrado a ninguna cosa, y es libre para amar a Dios.





Blessed Are the Poor


By FATHER LORENZO ATO


Jesus, in the Sermon on the Mount, presents his program, in which he declares blessed the poor, the afflicted, the "marginal" of society, because the Lord is their defender and in him they have placed their trust. The Beatitudes constitute the nucleus of Jesus' message (Cf., Mt, 5, 1-12: Lc 6, 20-26). The Beatitudes destroy so many schemes and ways of thinking that are very fashionable nowadays (in a consumerist society). The Beatitudes are not a form of comfort or tranquilizer for people who suffer; they are, on the contrary, indirectly, a denunciation of situations of injustice that contravene the design of God for man. One cannot attempt to "spiritualize" the Beatitudes by emptying them of social content and ethical implications. Let us not forget that St. Luke, alongside the Beatitudes, also places the "misfortunes": woe to the rich people, because they already have their consolation; woe to the people who feel well fed or satisfied, because later they will be hungry; unhappy those who laugh now, because later they will cry (Cf., Lc 6, 24-26). The Beatitudes, says Pope Francis, are like the "identity card of the Christian," they are "a program of life," so that to be a good Christian "it is necessary to do what Jesus says in the sermon of the Beatitudes" (Homily at the Mass on June 9, 2014).

Jesus proclaims the poor to be blessed, but who are these poor? Some have wanted to relativize the concept of "poverty," arguing that Jesus did not intend to change the situation of poverty (in socio-economic and political terms) of the society of his time; his message would be "exclusively religious." Even more, according to these authors, Jesus would not have been referring to "material poverty" but to "spiritual poverty." In this way, they attempt to justify that one can be very rich (in economic terms) and at the same time "spiritually poor." Is that really possible? In the Gospel of Matthew, speaking of the Beatitudes, certainly, we speak of the "poor in spirit," but this category is not intended to oppose that of poor materially speaking. Poverty can be approached from different perspectives: economic, social, political, ethical, religious, etc. Poverty, in a first sense, has a "material" component (such as deprivation of something necessary for a person that allows them to live with dignity: food, housing, health, clothing, education, etc.), and it must be analyzed on the basis of the objective facts in which it shows itself (instability, lack of adequate means of subsistence, etc.). But, obviously, the concept of poverty is not exhausted in a socio-economic analysis and its implications. Poverty, in evangelical terms, is also presented from the perspective of the interiority of the human being, such as an attitude (spiritual poverty) toward material goods. In the first case (material poverty), it is a generated poverty, which has structural causes, expresses a situation of injustice as being contrary to the design of God. That "poverty" can never be considered a value. A different thing is the poverty assumed by solidarity with the poor as an expression of detachment and walking away from material goods. Jesus himself, coming into this world, assumed the condition of the poor; he lived a real material poverty in solidarity with them, and a spiritual poverty of total detachment from material things with absolute trust in the Father. It is not possible, then, to make a reductionist or ideological reading of poverty in the Bible.

In a society, with an economic model that considers profit as the supreme goal, it would seem pointless to speak of poverty as a value. In many countries, the neoliberal economic model (which responds to an ideology) is still in force, in which there is not much room for justice and solidarity. What counts there are the macroeconomic figures, the statistics and the rules of the free market before people. The followers of this ideology, that is fashionable today, dogmatically apply their economic recipes without caring much about the social cost. They think that their recipes have an almost magical power to solve all the problems of society. It is dogmatically believed that the more private investments there are the more jobs, more wealth and better living conditions there will be for all. To attract investment, they consider it absolutely necessary to "make labor standards more flexible" (a euphemism used to refer to the reduction of labor rights for workers). To validate the effectiveness of the model, statistical figures are presented that speak of the growth of the Gross Domestic Product, the reduction of inflation, the greater consumption, etc. However, it is not possible to explain why the exclusion gaps and the malnutrition rates among the poorest are not significantly reduced. There is no talk of the "precarious working conditions" of workers who earn below the minimum necessary to live decently as people. The beneficiaries of economic growth tend to be the large investors who see their profits increasing rapidly. The poor, in this model, are considered as "cheap labor," necessary for the system to function well. Pope Francis has rejected, on many occasions, that ideological vision, the materialist consumerism that refuses to recognize the other as a brother and does not leave room for solidarity.

The Lord says, through the prophet Isaiah: "Woe to those who dictate unjust laws and with their decrees organize oppression, which deprives the poor of my country of their rights and prevents justice from being done..." (Is 10, 1ss). The book of Ecclesiasticus (Sirach) tells us that depriving the poor of bread is a crime. "To remove your neighbor's sustenance is to kill him, to deprive him of his salary is to shed his blood" (Si 34, 21ss). God presents himself as the defender of the poor; He will not stop listening to the petition of the one who claims justice, "if the afflicted one invokes the Lord, He will listen to him" (Cf., Sal 33, 18). The social doctrine of the Church tells us that the person is the purpose of society, of institutions, not economics.

It is not strange, then, that Jesus proclaims the poor to be blessed: those who suffer. Obviously, this does not mean that Jesus approves of the situation of poverty. The situation of extreme poverty is contrary to God's plan, because it degrades the person; it does not allow them to fulfill themselves in all their potentialities. The Lord asks us not to cling to things, not to seek economic welfare above all, while trampling others. On the other hand, being poor (materially speaking) does not guarantee that one has "poverty" as a spiritual attitude.

To have an attitude of poverty is to be detached from things, to know how to use things and money not as an end but as a means to our service. We cannot become slaves of things; that would be a form of idolatry. God wants us to be truly free. He who lives clinging to money is no longer free, and has become dehumanized. Blessed is he who has the attitude of the poor, because he is not attached to anything, and is free to love God.

Comments

No comments on this story | Please log in to comment by clicking here
Please log in or register to add your comment