First Place Award for General Excellence, Catholic Press Association, 2013-2016

Si Escuchas Su Voz
Dejarnos Guiar por La Luz Que Viene de Fátima
Foto Cortesía del Padre Ato
EN FATIMA—El padre Lorenzo Ato, al fondo a la izquierda, director de pastoral y comunicación hispana de la oficina del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis, concelebra la misa en Fátima, Portugal, el día antes de que el Papa Francisco ofreciera una misa marcando el centésimo aniversario de la primera aparición de la Virgen de Fátima, y por las canonizaciones de San Francisco y Santa Jacinta Marto el 13 de mayo.
Si Escuchas Su Voz
Padre Lorenzo Ato

El mundo católico ha celebrado con gran alegría la canonización de los pastorcitos videntes Francisco y Jacinta, en el contexto del centenario de las apariciones de la Virgen en Fátima. El papa Francisco ha expresado su experiencia en su viaje al santuario de Fátima, donde dice haber ido como “peregrino de esperanza y de paz”; allí, manifiesta haberse “empapado” en la oración del santo pueblo de Dios, “oración que allí fluye desde hace cien años como un río, para implorar la protección materna de María sobre el mundo entero” (Regina Coeli, Plaza de San Pedro, Domingo 14 de mayo de 2017). Destaca el clima de recogimiento y de contemplación vivido en Fátima, teniendo siempre como centro a Jesús Resucitado. En Fátima – dice el Papa – “la Virgen eligió el corazón inocente y la sencillez de los pequeños Francisco, Jacinta y Lucía, como depositarios de su mensaje. Estos niños lo acogieron dignamente, tanto como para ser reconocidos como testigos fiables de las apariciones, y convirtiéndose en modelos de vida cristiana. Con la canonización de Francisco y Jacinta, he querido proponer a toda la Iglesia su ejemplo de adhesión a Cristo y el testimonio evangélico, y además, he querido proponer a toda la Iglesia el cuidado de los niños” (Regina Coeli, 14 de mayo de 2017). Los santos, como nos enseña la Iglesia, no son sólo intercesores ante Dios sino también modelos de vida a seguir.

Cabe destacar que el verdadero sentido y significado de las apariciones de la Virgen, tanto en Fátima como en otros lugares del mundo donde la Iglesia ha reconocido tales apariciones, es llevarnos a una mayor cercanía con Jesús; mover los corazones de los hombres a la conversión, a una vida más intensa de oración y de compromiso con los más necesitados. Cuando se escucha que la Virgen se ha aparecido en algún lugar del mundo, multitudes acuden movidas muchas veces por la curiosidad, con el deseo de también lograr “ver” a la Virgen, o por lo menos algún signo extraordinario y obtener un milagro. No se debe poner énfasis en los “fenómenos extraordinarios” que pueden rodear las apariciones de la Virgen, sino de estar atentos a su llamado y esforzarnos por vivir el Evangelio.

Hace cien años, en Fátima, los pastorcitos vieron a la Virgen, pero esa aparición no puede ser entendida como un hecho que sea objeto de comprobación científica, sin que por eso signifique que no sea real, pues no todo lo real es visible a nuestros sentidos externos.  La ciencia, ateniéndose a sus propios métodos, no puede afirmar ni negar una aparición de la Virgen. Hay que evitar caer en dos extremos: el primero sería una ingenua credulidad que considera las apariciones de la Virgen como si fueran encuentros ordinarios, objetos de una experiencia sensible; el otro extremo sería afirmar que es imposible cualquier comunicación con un orden sobrenatural, reduciendo las apariciones a experiencias puramente interiores, subjetivas e irreales. A la cuestión ¿Qué fue lo que realmente vieron, con sus sentidos externos, los videntes? La respuesta es compleja, pues habría que distinguir diversos tipos de “visiones”. Lo cierto es que se trató de un “encuentro real” con la Virgen, aunque sea muy difícil precisar la naturaleza de ese encuentro, pues se trata de un encuentro con alguien (en este caso con la Virgen) que no está sujeta a las limitaciones espacio temporales propias de un cuerpo corruptible como el nuestro, pues ella tiene un cuerpo glorioso y ha sido asunta a los cielos. De cualquier modo, ese encuentro es mediado por la fe; de ahí que un incrédulo nunca podrá “ver” a la Virgen.

La Iglesia, suele tomar con muchísima reserva los relatos de apariciones de la Virgen en muchos lugares del mundo, muy pocas han sido oficialmente reconocidas. Ha establecido criterios rigurosos para poder determinar cuándo efectivamente se trata de hechos reales y no el fruto del imaginario de la gente o del psiquismo exaltado de una persona. Hay “visiones” que pueden no tener ningún referente real, y que pueden responder a lo que se conoce como “alucinaciones”, fruto de un estado psíquico alterado, o que responden a la imaginación y fantasía. Por otra parte, hay que saber también distinguir las experiencias de los místicos que en sus escritos nos relatan comunicaciones con Cristo o la Virgen, incluyendo visiones o “revelaciones” particulares (alocuciones, mociones del Espíritu). Con respecto a las apariciones marianas, que son reconocidas por la Iglesia, éstas tienen un sentido claramente cristológico y eclesiológico. Esas apariciones y las “revelaciones” que puedan incluir, nunca podrán proponernos una doctrina nueva, o ampliar la revelación contenida en el “depósito de la fe” (contenido en la Sagrada Escritura y en la Tradición); pero sí nos ayudan a dirigir y mejorar nuestra vida cristiana.

No todos pueden ver a la Virgen. Por otra parte, como ha dicho el papa Francisco en la homilía con motivo de la canonización de los beatos Francisco y Jacinta, la Virgen no viene para que la  vean, ese no es el propósito central. “Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero…estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto” (Homilía del papa Francisco en la Misa con el Rito de Canonización de los beatos Francisco Marto y Jacinta Marto, Santuario de Fátima, 13 de mayo de 2017).

El Papa resalta que la santidad de los pastorcitos videntes “no es consecuencia de las apariciones, sino de la fidelidad y del ardor con el cual ellos correspondieron al privilegio recibido de poder ver a la Virgen María. Después del encuentro con la “bella Señora” —así la llamaban—, ellos rezaban frecuentemente el Rosario, hacían penitencia y ofrecían sacrificios para alcanzar el final de la guerra y por las almas más necesitadas de la divina misericordia” (Regina Coeli, 4 de mayo de 2017). El papa Francisco nos exhorta a que nos dejemos guiar por la “luz que viene de Fátima.”

El llamado de la Virgen en Fátima sigue teniendo permanente actualidad, puesto que, como nos dice el Papa, “también hoy hay mucha necesidad de oración y de penitencia para implorar la gracia de la conversión, para implorar el final de tantas guerras que hay por todos lados en el mundo y que se extienden cada vez más, así como también el final de los absurdos conflictos, grandes y pequeños, que deforman el rostro de la humanidad” (Regina Coeli, 14 de mayo de 2017). La devoción a la Virgen, como enseña la Iglesia, debe ser siempre un camino para el encuentro más cercano con Jesús y un compromiso solidario con los hermanos que más sufren.

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