Jóvenes en Sínodo Piden Más Representación

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Jóvenes de varias partes del mundo le dijeron al papa Francisco y a los miembros del Sínodo de los Obispos que ya no quieren estar al margen, sino que quieren tomar un papel activo en la Iglesia.

Jóvenes de Chile, Argentina, Australia y Panamá fueron algunos de los delegados que hablaron durante el sínodo en los primeros días de la reunión y hablaron con honestidad sobre sus esperanzas con respecto a la Iglesia Católica y como debe abordar los desafíos que ellos enfrentan en el mundo moderno.

“Los jóvenes no solo queremos ser tratados como tales”, dijo Silvia Retamales de la Oficina Socio-Pastoral de la Juventud de la Conferencia Episcopal de Chile. “Necesitamos una Iglesia distinta, abierta, que no cierre la puerta a las minorías sociales, sexuales y étnicas”.

Mientras la Iglesia en Chile continúa enfrentando un momento de crisis por casos de abuso sexual y su encubrimiento por parte de miembros del clero, Retamales les dijo a los miembros del sínodo que los jóvenes católicos en el país “clamamos por una estructura en la que se evite totalmente cualquier conformación que fomente, permita o encubra cualquier tipo de abuso”.

El papel de las mujeres en la Iglesia, agregó, también debe fortalecerse en áreas “de real decisión y participación en nuestras comunidades”.

“Me gustaría ser parte de una Iglesia en la que todos tengamos cabida y en la cual la voz de cada miembro sea considerada sin ‘exigir’ un cierto prototipo de fiel, en un encuentro profundo con la diversidad en la que Cristo se manifiesta”, dijo Srta. Retamales.

Mariano García, coordinador nacional del Ministerio de la Juventud en Argentina, dijo que la Iglesia necesita cuidar más a los jóvenes, especialmente a los más pobres.

Muchos hombres y mujeres jóvenes, dijo “viven bajo el flagelo de la pobreza, jóvenes con sus derechos vulnerados (sociales, económicos, culturales) heridos por los sistemas excluyentes en los cuales estamos inmersos y que no favorecen la igualdad, equidad y justicia para el verdadero desarrollo humano”.

García dijo que la Iglesia debe ayudar a jóvenes considerados “los ‘nadies’ para la sociedad que vivimos, los jóvenes descartados, aquellos que a nadie les importan”.

Para Yithzak González, un ministro de jóvenes y secretario ejecutivo de la oficina de jóvenes de la conferencia de obispos de Panamá, la Iglesia debe reconsiderar “las metodologías que se utilizan para realizar un discernimiento coherente y con responsabilidad que no nos convierta en una estadística: jóvenes sin trabajo, jóvenes en delincuencia, jóvenes que ni estudian ni trabajan, jóvenes con problemas de drogas y alcohol, etc.”.

“Queremos ser parte de la solución de los conflictos. Creemos que los jóvenes tienen que ser los primeros autores y promotores de su realización personal”, dijo González.

Sebastian Duhao, miembro del consejo juvenil de la Diócesis de Paramatta, Australia, recordó su experiencia tocando el saxofón en un coro juvenil, donde rápidamente aprendió que si quería tocar junto al coro juvenil, tenía que aprender a tocar escuchando.

“La Iglesia necesita crear espacios similares, donde los jóvenes puedan expresar sus opiniones, sus esperanzas, sus necesidades y sus luchas, sin ser juzgados”, dijo Duhao. “La Iglesia, como yo tenía que hacerlo, debe aprender a usar sus oídos, a escuchar el mundo que la rodea, a escuchar lo que se requiere de ella y, lo más importante, a escuchar las voces de los jóvenes porque tenemos algo que ofrecer”.—CNS

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