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La Adoración Eucarística Fuera de La Misa

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En nuestra columna anterior hemos destacada la centralidad de la Eucaristía ante el culto a la presencia real, bajo las especies consagradas, fuera de la misa; eso no significa, sin embargo, que lo segundo no sea relevante, sino que debe estar vinculado con la Eucaristía. Aunque el Concilio Vaticano II, casi no haya hablado de la importancia del culto a la presencia real en la Eucaris-tía, no podemos decir que haya pretendido relativizarlo totalmente; además, los documentos post conciliares, entre ellos la Eucharisticum Mysterium [Instrucción sobre el Culto a la Eucaristía, del 25 de mayo de 1967, aprobada por el papa Pablo VI], han precisado la importancia de esta forma de culto y las visitas al Santísimo Sacramento. Toda la celebración eucarística es expresión de la adoración al Padre por Cristo en el Espíritu Santo; es también adoración a Cristo que se ofrece en Sacrificio. El fundamento teológico de la adoración eucarística es la presencia real (substancial) del Señor en la Eucaristía.

En el documento mencionado, de la entonces Sagrada Congregación de Ritos, se nos hace recordar que “el fin primario y primordial de la reserva de las sagradas especies fuera de la misa es la administración del viático; los fines secundarios son la distribución de la comunión fuera de la misa y la adoración de nuestro Señor Jesucristo oculto bajo las mismas especies” (Eucharisticum Mysterium, N.° 49). Señala que el culto a la presencia eucarística “tiene un sólido y firme fundamento”. Se pide que los pastores faciliten a los fieles, durante varias horas, el acceso a los templos, capillas, oratorios, donde se reserva la Eucaristía para que “los fieles puedan fácilmente orar ante el Santísimo Sacramento” (N.° 51). En el documento se recomienda que se disponga de espacios adecuados para la oración ante el Santísimo; así mismo, que “arda continuamente junto al sagrario una lámpara como signo de honor al Señor” (N.° 57). El culto al Santísimo Sacramento fuera de la misa, si bien es cierto que no se impone como obligatorio, la Iglesia lo recomienda encarecidamente; “la Iglesia recomiendo con empeño la devoción privada y pública al sacramento del altar, aun fuera de la misa” (N.° 58). Cuando la exposición del Santísimo Sacramento se prolongue, recomienda que se haga lecturas bíblicas, reflexiones o breves exhortaciones a los fieles, oraciones y cánticos apropiados. “Al final de la exposición se impartirá la bendición con el Santísimo Sacramento” (N.° 62).

En el Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto a la Eucaristía fuera de la Misa (1973), se dice que el culto de adoración (latría) a la presencia del Señor bajo las especies eucarísticas, “se basa en una razón muy sólida y firme; sobre todo porque a la fe en la presencia real del Señor le es connatural su manifestación externa y pública” (N.° 5). Si bien es verdad que el pan de la Eucaristía es para ser comido, eso no excluye que también pueda ser adorado, en cuanto presencia real (substancial) del Señor.

La Iglesia prohíbe que haya exposición del Santísimo mientras se celebra el Sacrificio Eucarístico. Si se acostumbra a tener adoración permanente se debe, por lo menos durante la celebración eucarística, hacerse la reserva y volver a exponer el Santísimo después de la Misa. Tampoco se debe abusar de las solemnidades, oraciones de dudosa ortodoxia, ritos añadidos a la hora de fomentar el culto a la presencia eucarística fuera de la Misa. El culto a la presencia eucarística debe ser bastante sobrio; se debe destacar más la Palabra de Dios y la vinculación con la Eucaristía.

Es necesario insistir en que no se debe desvincular el culto a la pre-sencia de Cristo en la Eucaristía y la adoración eucarística de la celebración de la misa. A este respecto la Eucharisticum Mysterium señala claramente que: “Los fieles, cuando veneran a Cristo presente en el sacramento, recuerden que esta presencia proviene del sacrificio y se ordena a la comunión al mismo tiempo sacramental y espiritual” (N.° 50). El misterio eucarístico debe ser considerado en su globalidad, no de una manera reductiva, fruto de una piedad mal orientada. Es necesario subrayar, a la luz de los documentos postconciliares, la intrínseca relación existente entre la adoración eucarística y la misa. “La celebración de la Eucaristía en el sacrificio de la misa, es realmente el origen y el fin del culto que se le tributa fuera de la misa” (Eucharisticum Mysterium, N.° 3e). Por ello, en las Exposiciones del Santísimo Sacramento se debe resaltar ese vínculo a través de signos adecuados. En esa línea, quizá sea preferible realizar las exposiciones del Santísimo sobre el altar y no sobre un trono especial. Guy Morín piensa que “solo el altar pone bien en evidencia la relación entre la Reserva y la Misa, comida pascual. Por otra parte, parece preferible el copón, puesto que manifiesta a nuestros sentidos una reserva de alimento, mientras que la custodia nos presenta más una hostia para ser vista que un pan para ser comido” (Morín, G. Orar ante el Santísimo Sacramento, en: Cuadernos Phase N.° 56. Barcelona, Centro de Pastoral Litúrgica, 1994, p. 76). Obviamente, la exposición del Santísimo en una custodia no es solo para ser visto, sino para ser adorado.

Hay que evitar, como bien señala Silvano Sirboni, no se trata de retomar simplemente la práctica de la adoración eucarística tal como estaba hasta los umbrales del Concilio Vaticano II (Cf., Sirboni, S. Orar ante la Eucaristía: Problemas y orientaciones, en Cuadernos Phase N.° 56), que era una práctica frecuentemente desligada de la participación en la celebración eucarística, cargada de intimismo, de individualismo, de muchas oraciones emotivas y sentimentalistas. Es necesario seguir promoviendo la práctica de la adoración a la presencia eucarística, pero sin olvidar la centralidad de la misa, la dimensión eclesial y el compromiso de la caridad, particularmente con los enfermos que también necesitan de la Eucaristía. La adoración debe ser una continuación de la comunión eucarística. La oración ante el Santísimo Sacramento debe ser, principalmente, alabanza a Dios, acción de gracias, como la misma Eucaristía. Por otra parte, no hay que utilizar las exposiciones del Santísimo para todo momento en que se quiere tener un encuentro con el Señor. A veces se cae en exageraciones, como por ejemplo cuando se expone el Santísimo para tener delante de Él una charla espiritual, para los retiros espirituales, y hasta para una reunión de carácter religioso. Las exposiciones del Santísimo deben hacerse en su momento propicio, no multiplicarlas innecesariamente.

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