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La Religión Secular y Los Sacrificios Humanos

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Entendemos por “religión secular” ciertas formas de comportamiento (que incluye un sistema de creencias, ideas y prácticas sociales) que adoptan externamente algunas semejanzas con las prácticas religiosas, siendo abiertamente contrarias al espíritu de la religión. Los que practican la “religión secular” o “secularista” (identificándose como “no creyentes” o agnósticos), suelen ser intolerantes contra los que profesan alguna religión. La “religión secular” construye sus propios ídolos, sus dogmas, para llenar el vacío de lo religioso.

La religión, por otra parte, siendo un fenómeno humano, está expuesta a degradaciones o deformaciones, sin que eso la descalifique o la haga inmoral. Hay que distinguir entre la “experiencia religiosa” y la “experiencia ética”. La religión presupone una ética, pero no se identifica con ella. La ética no necesariamente conlleva a una experiencia religiosa. En la historia encontramos numerosos ejemplos de “personas religiosas” con una cuestionable “experiencia ética”; la explicación a ese fenómeno no puede reducirse a una actitud farisaica o hipócrita de quienes dicen vivir una experiencia religiosa. Lo deseable, sin duda, es que no exista ninguna dicotomía entre la fe religiosa, la espiritualidad y la vivencia ética.

Con respecto a los sacrificios humanos, practicados en algunas religiones del pasado, hay que hacer notar que eso responde a una determinada valoración o concepción de lo que es considerado como bueno o malo. Los sacrificios humanos fueron practicados en varias culturas (en la Europa antigua, América prehispánica, África, Asia); eran realizados por diversas motivaciones, principalmente como una ofrenda a los dioses para aplacar su ira o para obtener sus favores. Muchos de los que ofrecían a sus propios hijos como sacrificio a los dioses o ídolos lo hacían con “fe”, con la conciencia errónea de creer que hacían lo correcto. En nombre de la religión, en el pasado, se ha cometido muchas acciones que hoy consideramos como bárbaras, totalmente contrarias a la ética.

Las religiones que han practicado sacrificios humanos no lo han hecho por motivos perversos. Sin pretender justificar ese tipo de prácticas aberrantes, hay que decir, sin embargo, que dichas religiones presuponen que el valor supremo no es la vida humana en su dimensión terrena, el valor supremo es Dios; por ello se es capaz de sacrificar una vida humana cuando se cree que es necesario para la divinidad. Nos encontramos ante el reconocimiento de Dios como valor supremo. Dios es puesto por encima de la distinción entre el bien y el mal; más allá de la moral. Por otra parte, se trata, sin duda, de una fatal mala intelección de la voluntad divina, una deformación de la religión.

En la Biblia encontramos una condena explícita a la práctica de los sacrificios humanos (Cf., Lv 20, 1-5). Los israelitas tuvieron la tentación de imitar a los cananeos ofreciendo en sacrificio a sus primogénitos, sucumbiendo en algunos casos (Cf., 2Re 3, 27; Ez 20, 25ss; Jr 7, 30ss; 19, 5; 32, 35; Mi 6, 6). El sacrificio truncado de Abraham de su propio hijo (Cf., Gn 22, 1-14) hay que leerlo no solo como una acto de “total obediencia a Dios” en que se pone prueba la fe de Abraham, sino también como una forma de condena a los sacrificios humanos que eran comunes entre los pueblos vecinos de Israel por aquellas épocas. Hay que entenderlo como una prohibición de Dios de ofrecer en sacrificio a los primogénitos (costumbre arraigada en algunos pueblos paganos). El Dios de Israel no puede querer que le ofrezcan sacrificios humanos.

Desde la llamada civilización occidental contemporánea, la práctica de los sacrificios humanos mencionados anteriormente, aparecen como actos aberrantes, frutos de la ignorancia del pasado; sin embargo, como bien lo ha hecho notar el papa Francisco, actualmente asistimos a una práctica masiva de sacrificios humanos, realizados en nombre de la libertad. El papa Francisco en una audiencia concedida a los seminaristas de Lombardía (Italia) el 16 de octubre de 2018 (audiencia realizada en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano), al referirse a la secularización actual, nos dice que el tema de la secularización no es una asunto exclusivamente moderno; tanto en el pasado como el presente ha habido secularización, lo que cambia es la forma como se expresa ese fenómeno. En tiempos de Jesús - señala el papa- también había secularismo, “en esa época también se hacían sacrificios humanos... y hoy también. De otra manera, con guantes blancos, pero se hacen” (Audiencia a los seminaristas de Lombardía). El papa hace una referencia directa al tema del aborto en nuestro tiempo, al cual considera como una la forma moderna de ofrecer “sacrificios humanos”.

Hoy en día, como bien hace notar el papa Francisco, se siguen practicando sacrificios humanos, no por motivos religiosos sino por motivos perversos, satánicos. Ninguna racionalidad puede justificar privar de la vida a los no nacidos, quienes resultan ser los más indefensos. Una sociedad que no defiende la vida camina irremediablemente a su propia autodestrucción. Resulta patético que haya médicos que en lugar de defender la vida la destruyan, que actúen como “sicarios” (contratados para matar). Resulta patético que se considere al aborto como “un derecho” de la mujer, como una gran conquista ciudadana. El papa Francisco ha señalado que quienes recurren al “aborto” es como si contratasen a un sicario (en este caso el médico o cualquiera que lo practique). En efecto, aunque suenen muy duras las expresiones del Papa, no dejan de ser verdad.  No hay, racionalmente hablando, nada que justifique la eliminación de una vida humana en el vientre materno. Las estadísticas muestran que el número de vidas humanas eliminadas con el aborto es mayor que el número de víctimas producidas en los más grandes genocidios del pasado. Millones de vidas inocentes son sacrificadas con el patrocinio de los Estados que lo promueven. La llamada “interrupción voluntaria del embarazo” no es más que un eufemismo para ocultar la verdadera naturaleza de un horrendo crimen realizado con alevosía. Los Estados promotores del aborto invierten más recursos en campañas para facilitar el libre acceso a las mujeres al aborto y escasos recursos en promover la salud de las madres gestantes.

Quienes en el pasado ofrecieron sacrificios humanos, movidos por motivaciones religiosas (con conciencia invenciblemente errónea), no pueden ser puestos al mismo nivel moral que los defensores de una “religión secular” que actualmente defienden y practican sacrificios humanos (abortos). La barbarie actual es mayor. Resulta totalmente paradójico que se dicten leyes para proteger la vida de los animales, pero no se tenga la misma sensibilidad para proteger la vida humana más indefensa, como es la del no nacido. Resulta totalmente irracional que en muchos países haya pena privativa de la libertad para quienes maltraten a los animales, pero que no sea ilegal matar a un ser humano en el vientre materno, y más aún que dicho acto de barbarie sea requerido por la propia madre con la cooperación de un “sicario” que actúa en nombre de la ley ¿A eso se puede llamar civilización? Dentro de esa “lógica” los defensores de la vida humana no nacida tendrían que luchar para que se aprueben leyes que reconozcan a los embriones y fetos humanos los mismos “derechos” que tienen los animales protegidos.





Secular Religion and Human Sacrifices


By FATHER LORENZO ATO


By "secular religion," we understand certain forms of behavior (including a system of beliefs, ideas and social practices) that externally adopt some similarities with religious practices, although they are frequently openly contrary to the spirit of religion. Those who practice "secular" or "secularist" religion (identifying themselves as "non-believers" or agnostics) are often intolerant of those who profess any religion. "Secular religion" builds its own idols, its dogmas, to fill the void of the religious.

Religion, on the other hand, being a human phenomenon, is subject to degradation or deformation, without disqualifying it or making it immoral. It is necessary to distinguish between a "religious experience" and an "ethical experience." Religion presupposes an ethic, but does not identify with it. Ethics does not necessarily lead to a religious experience. Throughout history we find numerous examples of "religious people" with a questionable "ethical experience"; the explanation of this phenomenon cannot be reduced to a pharisaical or hypocritical attitude of those who claim to live a religious experience. What is desirable, without a doubt, is that there is no dichotomy between religious faith, spirituality and ethical living.

With respect to human sacrifices, practiced in some religions of the past, it should be noted that this responds to a certain assessment or conception of what is considered good or bad. Human sacrifices were practiced in various cultures (in ancient Europe, pre-Hispanic America, Africa, Asia). They were done for various reasons, mainly as an offering to the gods to appease their anger or to obtain their favors. Many of those who offered their own children as a sacrifice to gods or idols did so with "faith," with the mistaken belief that they were doing the right thing. In the name of religion, in the past, many actions have been committed that today we consider as barbarous, totally contrary to ethics.

The religions that have practiced human sacrifices have not done so for perverse reasons. Without pretending to justify this type of aberrant practice, it must be said, however, that these religions presuppose that the supreme value is not human life in its earthly dimension; the supreme value is God. For that reason, they are capable of sacrificing a human life when it is believed that it is necessary for the divinity. We are facing the recognition of God as the supreme value. God is placed above the distinction between good and evil; beyond morals. On the other hand, it is, without a doubt, a fatal misunderstanding of the divine will, a distortion of religion.

In the Bible, we find an explicit condemnation of the practice of human sacrifice (Cf., Lv 20, 1-5). The Israelites were tempted to imitate the Canaanites by sacrificing their first-born, succumbing in some cases (Cf., 2Re 3, 27; Ez 20, 25ss; Jr 7, 30ss; 19, 5; 32, 35; Mi 6 , 6). Abraham's truncated sacrifice of his own son (Cf., Gen 22, 1-14) must be read not only as an act of "total obedience to God" in which the faith of Abraham is tested, but also as a form of condemnation of the human sacrifices that were common among the neighboring peoples of Israel at that time. It must be understood as a prohibition by God of the offering of sacrifices of the first-born (a custom rooted in some pagan peoples). The God of Israel cannot want to be offered human sacrifices.

From the so-called contemporary western civilization, the practice of the human sacrifices mentioned above, appear as aberrant acts, fruits of ignorance of the past. However, as Pope Francis has pointed out, we are currently witnessing a massive practice of human sacrifice, made in the name of freedom. Pope Francis, in an audience granted to the seminarians of Lombardy (Italy) on Oct. 16, 2018 (an audience held in the Clementine Hall of the Apostolic Palace of the Vatican), referring to the current secularization, tells us that the theme of secularization is not an exclusively modern matter. Both in the past and in the present, there has been secularization; what changes is the way in which this phenomenon is expressed. In the time of Jesus, the Pope points out, there was also secularism, "at that time human sacrifices were also made ...and today, too. In other ways, and with white gloves, but they are made" (Audience to the seminarians of Lombardy). The Pope makes a direct reference to the issue of abortion in our time, which he considers as a modern way of offering "human sacrifices."

Today, as Pope Francis points out, human sacrifices are still practiced, not for religious reasons but for evil, satanic reasons. No rationality can justify depriving of life the unborn, who happen to be the most defenseless. A society that does not defend life irremediably walks to its own self-destruction. It is pathetic that there are doctors who, instead of defending life, destroy it; they act as "hit men" (hired to kill). It is pathetic that abortion is considered as "a right" of women, as a great achievement for democracy. Pope Francis has pointed out that those who resort to "abortion" are like hiring an assassin (in this case the doctor or anyone who practices it). In fact, although the Pope's expressions sound very hard, they are still true. There is, rationally speaking, nothing to justify the elimination of a human life in the womb. Statistics show that the number of human lives eliminated by abortion is greater than the number of victims produced in the greatest genocides of the past. Millions of innocent lives are sacrificed with the patronage of the states that promote it. The so-called "voluntary termination of pregnancy" is no more than a euphemism for hiding the true nature of a horrendous crime carried out with treachery. The states that promote abortion invest more resources in campaigns to facilitate free access to abortion for women and scarce resources in promoting the health of pregnant mothers.

Those who in the past offered human sacrifices, moved by religious motivations (with invincibly wrong conscience), cannot be put on the same moral level as the defenders of a "secular religion" who currently defend and practice human sacrifices (abortions). The current barbarism is greater. It is totally paradoxical that laws are issued to protect the life of animals, but they do not have the same sensitivity to protect human life in the more defenseless, namely the unborn. It is totally irrational that in many countries there is deprivation of liberty for those who mistreat animals, but that it is not illegal to kill a human being in the womb, and even more so that such act of barbarism is required by the mother herself with the cooperation of a "hit man" who acts in the name of the law. Can this be called civilization? Within that "logic," the defenders of the unborn human life would have to fight so laws are approved that recognize the same "rights" for the embryos and human fetuses that the protected animals have.

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