Señor, A Quién Iremos

Mejoramiento de la Clave de Matriculas para Mantener las Escuelas Abiertas

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Poco después del Año Nuevo, tomé un fin de semana personal e hice un viaje a Irlanda. Siempre aprecio una visita a la Isla Esmeralda, pero esto no fue realmente unas “vacaciones” y, ciertamente, ¡no estaba allí por el clima! No, lo que me hizo cruzar el Atlántico fue algo mucho más significativo: la oportunidad de visitar, aunque sea brevemente, a la Hermana Bosco y varias de las otras Hermanas de la Misericordia que me enseñaron en la escuela parroquial del Santo Niño en mi ciudad natal de Ballwin, Missouri. Fueron ellas quienes, junto con mi mamá, mi papá, y mis abuelos, alimentaron mi fe, inspiraron mi vocación, me dieron una educación de primera categoría... y me inspiraron un profundo aprecio y amor por las escuelas Católicas.
¡El anuncio de la semana pasada de que siete escuelas primarias aquí en la arquidiócesis cerrarán al final del año académico me entristeció enormemente! Ningún sacerdote, ningún obispo, especialmente este, quiere ver el cierre de una escuela Católica. ¡Prefiero abrir otras nuevas! Siguen siendo una parte importante de nuestra comunidad Católica, cuyo valor va mucho más allá de la excelencia académica por la que son bien conocidas, ya que ayudan a formar a hombres y mujeres jóvenes moralmente y espiritualmente.
Varias personas intentaron consolarme y señalar algunos aspectos positivos después de que se hicieron los anuncios. Han pasado varios años, dijeron algunos, desde que la archidiócesis tuvo que cerrar algunas de sus escuelas. Por seis de las escuelas, otros observaron, hay escuelas Católicas muy cercanas, que están listas, afanosas, y ansiosas por darles la bienvenida a los estudiantes, y ya ha comenzado el acercamiento a los padres e estudiantes. Uno de los principales muy solicito de una escuela vecina, me dijo que visito una escuela por cerrar, y les dijo a los niños: “Estamos tristes de que este edificio se esté cerrando, pero todavía hay una escuela Católica al lado.” Algunos me recordaron aunque decepcionante, la decisión de cerrar estas escuelas que involucró una amplia consulta y participación de las juntas regionales que ahora supervisan las escuelas regionales en toda la arquidiócesis, una prueba de que el plan estratégico de Camino Hacia Excelencia [Pathways to Excellence] ha sido exitoso. El pueblo, las parroquias, los benefactores, y la arquidiócesis pueden mantener la mente alta, algunos mencionaron, ya que juntos subvencionaron las escuelas Católicas con más de $43 millones solo en el año 2018.
Todo esto es cierto, pero proporciona poco consuelo a los estudiantes, padres, profesores, y administradores cuyas escuelas cerrarán en el mes de Junio. Mi corazón está con ellos.
¡La triste realidad es que todos estos cierres podrían haberse evitado si las matriculas a la escuela Católica aumentara! Crean me, entiendo que para muchos, si no la mayoría, de los padres de nuestras escuelas, hacen un sacrificio eligiendo una educación escolar Católica para sus hijos. Es por eso que hemos seguido intensificando y ampliando nuestras oportunidades de becas (el año pasado distribuimos más de $23 millones en becas), para ayudar a aliviar la carga financiera de nuestros padres, y por eso trabajamos tan diligentemente por la justicia para los padres de las escuelas Católicas por el apoyo del gobierno para la elección de la escuela – que sean vales escolares, créditos fiscales para la educación o algún otro medio. Fue alentador escuchar al Presidente Trump en su discurso del Estado de la Unión la semana pasada, pedirle al Congreso que apruebe una legislación para la elección de la escuela con el fin de ayudar a los padres que trabajan, y sigo agradecido al Gobernador Cuomo (con quien, sin duda y también tuve graves desacuerdos) por sus propios esfuerzos pasados ​​para aprobar una legislación similar en el Estado de Nueva York, incluso si el esfuerzo finalmente fracasó en su propio partido y en la legislatura. (Sé que, en los próximos días y semanas, escucharé a muchos políticos preguntándome por qué la arquidiócesis está cerrando una escuela en su distrito. Cuando pregunto, “¿qué has hecho para apoyar a las escuelas Católicas?” Me encontraré con un poco más que una mirada en blanco.)
Hay muchos que continuarán trabajando y luchando por las escuelas Católicas, incluidos los hombres y las mujeres que conforman nuestros consejos regionales, los administradores dedicados, y los maestros que dedican sus vidas a educar a nuestros hijos, sacerdotes, y religiosos(as) que ayudan a proporcionar la educación religiosa y preparación sacramental, nuestros benefactores, Católicos y no, y, lo más importante, los padres que continúan confiando a sus hijos a nuestras escuelas Católicas.
Sin embargo, para garantizar la estabilidad y el vigor continúo de nuestras escuelas Católicas, ¡más padres deben elegir una educación Católica para sus hijos! Espero que los padres con niños en nuestras escuelas puedan alentar a sus amigos y vecinos a visitar su escuela y ver por sí mismos todo lo que nuestras escuelas tienen para ofrecer. Quizás los nuevos abuelos pueden alentar a sus hijos a considerar las escuelas Católicas para la próxima generación. Todos podemos dejar que nuestros líderes políticos sepan que la elección de la escuela es una cuestión de justicia, y un tema importante que necesitamos que apoyen si desean continuar obteniendo nuestro voto.
Entonces, aquellos de ustedes heridos por esta dolorosa decisión pueden escribirme para denunciar a la arquidiócesis; o, pueden escribir, llamar, o hablar con los padres Católicos que no envían a sus hijos a nuestras escuelas, alentándolos hacerlo; y pueden comunicarse con su senador estatal y miembro de la asamblea y pedirle que nos ayude a promover la justicia en la elección de los padres.
En el segundo grado, la Hermana Bosco me enseñó una oración simple que todavía digo todas las mañanas: “Sagrado Corazón de Jesús, confío en ti.” Y así, pongo el futuro de las escuelas Católicas en manos del mejor maestro de todos, Jesús, porque todo depende en última instancia de Él. Pero continuaré trabajando para nuestras escuelas como si todo dependiera de mí. ¿No te unirás a mí? ¡No quiero cerrar más! No quiero ver a nuestros hermosos niños llorar mientras cierran sus escuelas.

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