11/08/2018

Organizaciones Se Preocupan por Tensión en La Frontera

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A finales de octubre, la Administración Trump anunció planes de enviar más de 5,000 soldados militares a la frontera sur, anticipando la llegada de un grupo de inmigrantes de Centroamérica en rumbo al norte. Uno o dos días después, el presidente Donald Trump dijo que enviaría el triple de esa cifra, quizás hasta 15,000, para proteger al país de “algunos muy malos delincuentes y pandilleros”, según él describió, en tuits, al grupo que viaja desde Centroamérica a la frontera sur de Estados Unidos con México, un grupo al que comúnmente se le llama la “caravana”.

Grupos católicos que trabajan con los inmigrantes, y otros que cooperan con ellos, están preocupados por las palabras, acciones y medidas del presidente y dicen que están creando un ambiente peligroso antes de la llegada del grupo, que se dice cuenta entre 3 mil y 7 mil, incluyendo unos 2,000 niños y jóvenes.

“Estoy convencido de que la Casa Blanca está causando una crisis para avivar el miedo”, dijo Dylan Corbett, director ejecutivo de Hope Border Institute, una organización de base de El Paso, Texas, en una entrevista telefónica el 1ro. de noviembre con Catholic News Service.

Hay una crisis, dijo, pero no existía hasta que el presidente empezó a crearla y las órdenes desde Washington empezaron a afectar a aquellos que viven en las comunidades fronterizas como El Paso, lugares que tienen una larga historia de acoger a los migrantes.

El 26 de octubre, el mismo Corbett, junto con otras personas de El Paso, tuvo que ayudar a hombres, mujeres y niños inmigrantes que, según dijo, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos dejó, deshidratados y hambrientos, en una estación de autobuses en la ciudad fronteriza. Comúnmente, la agencia habría llamado a los refugios, incluyendo a los centros administrados por organizaciones de la iglesia como la Diócesis de El Paso, donde los migrantes podrían ser acogidos, alimentados y guiados al encuentro de sus familiares o a otros destinos en los Estados Unidos.

Por el contrario, debido a lo que parece un rápido cambio de estrategia que viene desde Washington, Corbett dijo que el grupo de aproximadamente 100 familias migrantes fueron abandonadas en una congestionada estación de autobuses, luego de ser procesados en la frontera, sin instrucciones ni direcciones. Se llamó a la policía en medio del caos y ellos a su vez llamaron a las agencias para ayudar. Algunos de los inmigrantes no sabían dónde estaban ni qué hacer, dijo Corbett.

La Diócesis de El Paso rápidamente se mobilizó junto con otros grupos religiosos y residentes de la ciudad, para alimentar, vestir y reconfortar a las familias desorientadas, las cuales continuaron apareciendo al día siguiente y al otro día, pero el momento del caos estaba solamente comenzando. Días después, agentes federales armados llevaron a cabo ejercicios militares, dijo Corbett, en el puente Santa Fe, un puente internacional que une a los dos países.

“Sin duda, era una demostración de fuerza”, según Corbett, un alarde de poder militar enviado probablemente como un mensaje a los inmigrantes, pero también un mensaje visual para impulsar a los votantes, que no quieren ver entrar a los migrantes, hacia las urnas en las elecciones de medio término a través del país.

Lo que está pasando en El Paso, “muestra las dos caras de cómo abordamos el tema de inmigración”, dijo Corbett. Una respuesta es dar la bienvenida y ofrecer ayuda, y la otra respuesta es avivar el miedo, le dijo Corbett a CNS.

El obispo católico de El Paso, Mark J. Seitz, quien se reunió con las autoridades de inmigración antes del incidente, dijo que ha habido un repunte en el número de migrantes que ingresaron en octubre y los agentes de inmigración comentaron que sus instalaciones sobrepasan su capacidad de manejar el flujo que ingresa.

Sin embargo, hubo un cambio repentino en la estrategia, ya que los migrantes, generalmente entregados a organizaciones comunitarias, por el contrario fueron “lanzados (por funcionarios de inmigración) a las calles”, dijo el obispo Seitz. El compartió con uno de los grupos que llegaron el 30 de octubre y pudo escuchar los relatos sobre hacinamiento, condiciones “deplorables”, inmigrantes que están siendo detenidos por largo tiempo, falta de puertas en los baños, la incapacidad de reconocer si era de día o de noche en los centros donde fueron detenidos.

“Algunos de ellos contrajeron enfermedades allí donde estaban”, explicó el obispo Seitz, cuya diócesis está organizando un refugio y otro tipo de ayuda humanitaria para los que van llegando.

Mientras las organizaciones religiosas y otras comunitarias responden con asistencia, el presidente ofrece el segundo tipo de respuesta del que habla Corbett. Durante una conferencia de prensa el 1ro. de noviembre, Trump habló de un plan para establecer “tiendas de campaña masivas” para detener a los migrantes por largo tiempo y calificó como “violenta” a la muy publicitada movilización en grupo que viaja desde Centroamérica a través de México, refiriéndose a ella como una “invasión” que representa una carga para los Estados Unidos, que ha de saturar a las escuelas y hospitales locales, debilitar la seguridad pública y agotar los recursos. Argumentó que ellos están viniendo porque son pobres y “el asilo no es un programa para los que viven en la pobreza”, insinuando que pronto anunciaría una acción ejecutiva para negar asilo a su gusto. También agregó que el grupo había atacado a la policía mexicana e insinuó que en el grupo van miembros de pandillas.

“Son gente bastante difícil -dijo- y yo no los quiero en nuestro país”.

El obispo Seitz dijo que el grupo, que se va reduciendo debido a que muchos se cansan de caminar el gran trayecto, es “totalmente mal interpretado. Esto no es un tipo de fuerza invasora”.

“Lo que está pasando es que la gente que es demasiado pobre para pagar un coyote (un contrabandista)…se está agrupando” para viajar con otros, sintiéndose más seguros por ser muchos—afirmó.

Enviar a miles de tropas a la frontera no ayuda la situación, dijo el obispo Seitz.

Aquellos como Corbett están preocupados de que los ejercicios militares en el puente de El Paso, junto con los recientes incidentes caóticos en la ciudad fronteriza sean simplemente un “anticipo” de lo que está por venir, no sólo en El Paso sino en diferentes ciudades a lo largo de la frontera y, como dijo Corbett, “eso es lo que me preocupa”.

La conferencia de prensa de Trump el 1ro. de noviembre en Washington, solo puede haber intensificado los miedos de personas como Corbett, quien tiene que lidiar cerca de la frontera, lo que sucede a miles de millas. Refiriéndose a un incidente de migrantes que lanzaron piedras a la policía mexicana, Trump dijo que las autoridades fueron gravemente heridas y que espera que no ocurra lo mismo cerca de Estados Unidos y que “nosotros consideraremos eso (las piedras) como armas de fuego”.

“Si ellos quieren lanzar piedras a nuestros militares, nuestros militares responderán”, dijo Trump. “Vamos a considerarlo así—y se los dije a ellos, considérenlo (la piedra) como un rifle”.

El obispo Seitz pidió a los demás que aprendan de la vida de los migrantes, que escuchen sus historias y aprendan qué causa la migración. Una mejor solución, dijo, es “solucionar los factores que los están forzando a huir”, incluyendo los elevados índices de homicidio y la pobreza a nivel local.

A los que son creyentes, les pidió: “Revisen el Evangelio”.

“No habla de ofrecer caridad cuando es conveniente. No dice ‘cuiden su familia y amigos y abandonen a los demás...dejen que les pase lo que deba pasarles a ellos’”, dijo. “El ejemplo de Jesús nos dice que estamos para amar a quien tenga necesidad”.—CNS

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