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La Paternidad de San José

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Como hemos escrito en otra columna, los evangelios nos presentan dos genealogías de Jesús. La genealogía de Mateo es descendente: parte de Abraham hasta llegar a Jesús (Cf., Mt 1, 2-16); mientras que la genealogía de Lucas es ascendente: parte de Jesús y se remonta hasta Adán (Cf., Lc 3, 23-38). En ambos casos, según estas genealogías, el entroncamiento de Jesús con la humanidad es patrilineal, a través de José. San Mateo es más explícito: “Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado el Cristo” (Mt 1, 16). Esta es la primera alusión que se hace de José en los Evangelios. El versículo, ciertamente, no dice que José haya engendrado Jesús. La Iglesia nunca lo ha interpretado en ese sentido, no hay una paternidad biológica; José es el “padre adoptivo” de Jesús, pues explícitamente Mateo señala, al referirse a la concepción de Jesús: “Su madre María estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró en cinta por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18).

El embarazo de María toma totalmente por sorpresa a José. Al enterarse de esa situación, siendo un varón justo, no quiso usar su derecho de repudiar públicamente a su prometida, pues en tal caso la exponía a ser lapidada, en aplicación a lo dispuesto por la Ley (Cf., Dt 23, 20-21). José, que no logra comprender lo que había pasado, decide inicialmente abandonar a María, prefiriendo que todos piensen que es él quien incumple injustificadamente con el compromiso matrimonial asumido. Es en ese contexto que recibe (en sueños) un mensaje del ángel del Señor diciéndole: “No tengas reparo para llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1, 20). Cabe destacar que José no tiene la aparición de un ángel, ni alguna otra visión espectacular, todos los mensajes divinos los recibe en ‘sueños’. Dice el Evangelio que “cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” (Mt 1, 24). Es de resaltar la obediencia de José a la voluntad del Señor, renuncia a sus propios planes para asumir los planes de Dios. La actitud de José nos hace recordar la respuesta de María ante el anuncio del ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). José también dice, implícitamente: Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. José, movido por su fe, asume la responsabilidad de hacerse cargo de María, asumiendo el rol de esposo y de padre adoptivo de Jesús.

¿Qué significa y qué implicancias tiene la “paternidad adoptiva” ejercida por José? Decir que José fue el “padre adoptivo” de Jesús, de ninguna manera disminuye su paternidad. José es verdadero padre de Jesús, pues, aunque no lo fuera biológicamente, se comportó como tal. Hoy en día, en las sociedades modernas, se enfatiza sobre el sentido de la paternidad y el derecho a la identidad de un niño. Hay una evolución en el tema jurídico, en el sentido que, en los juicios por reconocimiento de la paternidad, el criterio decisivo ya no es una prueba de ADN que determina con certeza quién es el padre biológico; interesa más a los jueces determinar quién es la persona que ejerce realmente como padre y con quien el hijo se siente identificado. De ahí que, en muchos procesos de familia, no solo se concede la tenencia a alguien que puede no ser el padre biológico (en litigio con el padre biológico que reclama la paternidad) sino también el derecho del niño para llevar el apellido de la persona que ha ejercido en la práctica como padre. No nos referimos aquí a los procesos legales de adopción, los cuales tienen sus propios mecanismos.

De la lectura de los textos evangélicos podemos rescatar algunos rasgos del perfil de José. Lo primero de destacar es que era un “hombre justo” y “obediente” de la voluntad del Señor. El Papa Juan Pablo II, al comentar el versículo de Mateo (Cf., Mt 1, 24) - en el que se narra que José “hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”-, señala: “En estas pocas palabras está todo. Toda la decisión de la vida de José y la plena característica de su santidad. ‘Hizo’. José, al que conocemos por el Evangelio, es hombre de acción” (Juan Pablo II: Audiencia General del miércoles 19 de marzo de 1980). Los pocos datos que nos dan los evangelios son suficientes para conocer la grandeza de espíritu, la profunda fe y entrega al plan de Dios de José. “Es el hombre del trabajo. El Evangelio no ha conservado ninguna palabra suya. En cambio, ha descrito sus acciones: acciones sencillas, cotidianas, que tienen a la vez el significado límpido para la realización de la promesa divina en la historia del hombre; obras llenas de la profundidad espiritual y la sencillez madura” (Juan Pablo II: Audiencia General del miércoles 19 de marzo de 1980).

No cabe duda que José asumió plenamente su rol de esposo de María y de padre de Jesús. Los evangelios hablan muy poco de José, obviamente porque están centrados de la figura de Jesús y su misión. Quizá nos hubiera gustado encontrar en los evangelios algunas frases de José dirigidas a su esposa María y a su hijo Jesús, o la descripción de algunas escenas en las que interactuasen José y Jesús; pero, hay más silencio que palabras, como sucede con el largo periodo de la vida oculta de Jesús en Nazareth antes del comienzo de su misión pública. No olvidemos, por otra parte, que hay silencios que comunican, que dicen más que las palabras; gestos y actitudes que son mucho más relevantes que las palabras. No olvidemos también aquél viejo adagio: “Las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran”. Sin duda que, en el contexto familiar, no recogido en los Evangelios, abundan las escenas de amor, de ternura, abrazos, de palabras cálidas y amorosas dichas por José a su amadísimo hijo Jesús, no podemos imaginarlo de otro modo. Jesús en el seno familiar de Nazareth recibió todo el amor de sus padres, todo lo necesario para su desarrollo afectivo, emocional, y todo lo que le podían dar para crecer en “sabiduría y santidad”.

La paternidad ejercida por José no se limitó a brindar sustento, seguridad y protección a Jesús; fue mucho más allá de eso. Quienes son buenos padres saben del indescriptible amor que suscita tener un hijo, abrazarlo, brindarle afecto y atenciones; todo eso no tiene precio. José no puede ser menos que los mejores padres que existen en este mundo. José sobreabundaba en amor por su hijo Jesús. No habría palabras adecuadas para describir la relación paterno filial establecida entre José y Jesús. Quienes han tenido la fortuna de tener un padre responsable y amoroso saben lo que eso significa. De ahí que, al referirnos a san José, simplemente debemos decir: el “padre de Jesús”, no es necesario agregar el adjetivo “adoptivo”. De ninguna manera debemos relativizar la paternidad de José para destacar que Jesús es el Hijo de Dios (segunda persona de la Trinidad), pues Jesús es plenamente hombre y plenamente Dios.

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