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Los Ángeles, Realidad de Su Existencia

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¿Existen realmente los ángeles o son simples personificaciones de ciertos atributos y acciones divinas? La pregunta tiene sentido, pues, ya desde los tiempos de Jesús, había quienes negaban la existencia de los ángeles. Los saduceos, a diferencia de los fariseos, afirmaban que “no hay resurrección, ni ángeles ni espíritus” (Hch 23, 8). Actualmente, la existencia de los ángeles es negada, en la práctica, por quienes tienen una visión materialista del mundo y de la existencia humana; también por quienes tienen una visión reductiva y neopositivista de la ciencia; por posturas racionalistas que recogen postulados del modernismo y de la Ilustración; y hasta por algunos estudiosos de la biblia, exégetas y teólogos, que reducen los relatos bíblicos, en los que se menciona la actuación de los ángeles, a simples formas literarias, a modos de pensar propios de una época ya superada, a una visión arcaica del mundo, cargada de mitos y leyendas tomadas del entorno judío. Para dichos “especialistas”, Jesús mismo se habría adecuado a la cultura y mentalidad de su tiempo. En definitiva, señalan que la existencia de los ángeles no pertenece al contenido de la revelación. El cuestionamiento a la existencia de los ángeles no viene de las personas sencillas que viven una devoción popular sino de ciertas élites “ilustradas” y de quienes viven alguna de las formas actuales de “materialismo práctico”.

Es un hecho constatable que los ángeles están presentes no solo en la Biblia (desde el Génesis al Apocalipsis), sino en los padres de la Iglesia y en toda la Tradición. Están presentes en la liturgia: oraciones, fiestas propias. En la parte conclusiva del prefacio de la celebración eucarística la Iglesia se une a los ángeles para proclamar la gloria del Señor tres veces santo. Muchas historias de vida de los santos dan cuenta de su devoción particular por los ángeles. Están presentes también por todas partes en el arte sagrado religioso (pinturas y esculturas de ángeles). De ahí que, como bien señala A. Winklhofer, “De hecho, están las cosas de tal modo que habría que acabar con toda la Sagrada Escritura, y a la vez con toda la historia de la salvación, si se quisiera dejar de lado a los ángeles” (citado por Seemann, M., “Ángeles y demonios en su relación con el hombre”, en: Mysterium Salutis. Cristiandad, 2da. Edic. Madrid 1977, p. 730). En el catolicismo popular también encontramos una devoción a los ángeles. Esa realidad, desde luego, no puede ser negada, sino interpretada sin deformarla. A la realidad le es indiferente que la aceptemos o no, o que la interpretemos de un modo u otro. ¿Podrá acaso interpretarse como una “falsa conciencia” (ideología) o reducir la existencia de los ángeles a una visión mitológica y arcaica del mundo?

La existencia de los ángeles, desde luego, no puede ser demostrada desde la filosofía o la ciencia, pertenece al ámbito de la fe, es objeto de la teología (modo de saber diferente al de la ciencia y al de la filosofía). Esto no significa que no tenga ningún tipo de racionalidad, pues la fe no está divorciada de la ciencia y la filosofía. El estudio fenomenológico de la religión nos da cuenta de hechos que ameritan una interpretación. Los ángeles pertenecen al mundo invisible. Obviamente, incluso desde un punto de vista científico, la realidad no se reduce al mundo de las cosas visibles. Además, hay que tener en cuenta que los ángeles no son seres materiales sino espirituales.

En los relatos bíblicos sobre los ángeles, hay que distinguir, ciertamente, las formas literarias del fondo o la realidad a la que remiten; esa realidad no queda diluida en la forma. Como bien lo hace notar M. Seemann: “Desde el punto de vista católico, es insostenible la solución radical de la desmitologización que pretende eliminar a los ángeles del testimonio de la Escritura. Sin duda que ciertas representaciones angélicas del AT y del NT son temporales y, por tanto, pasajeras. Pero, se negaría la autoridad de Jesús si se negara la existencia de los ángeles” (Mysterium Salutis, O. Cit., pp. 730-731).

Los cristianos ¿Debemos creer en la existencia y actuación de los ángeles? Desde luego, se trata de una verdad de fe que no puede ser negada, pertenece al magisterio de la Iglesia. La fe nos dice que todo lo que existe ha sido creado por Dios; creemos en un Dios “creador de todas las cosas”, “de las visibles e invisibles”. San Pablo nos dice que en Cristo “fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por Él y para Él” (Col 1, 16). El IV Concilio de Letrán (1215), señala que Dios es el creador de todas las cosas “de las visibles y de las invisibles, espirituales y corporales (…) desde el principio del tiempo creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, es decir, la angélica y la mundana…” (Dz. 428). El Concilio Vaticano I (1879-1870), sobre ese punto, repite lo señalando en el IV Concilio de Letrán (Cf., DZ. 1783). La enseñanza de la Iglesia nos dice que los ángeles existen y que han sido creados directamente por Dios, y que son seres espirituales, “criaturas personales”. En el Concilio de Braga (561) se condenó la postura de los maniqueos y priscilianos que afirmaban que los ángeles son una especie de emanación de la sustancia divina (Cf., Dz. 235).

¿Para qué fueron creados los ángeles, cuál es su misión? Según la doctrina católica, “la misión primaria de los ángeles es la glorificación y servicio de Dios” (Ott, L.: Manual de Teología Dogmática. Herder, Barcelona, 1969, p. 200). Dios es glorificado con la alabanza de los ángeles; “el servicio de Dios redunda en alabanza del mismo. Como mensajeros de Dios, los ángeles son los encargados de transmitir a los hombres revelaciones y encargos de parte de la divinidad (…) La misión secundaria de los ángeles buenos es proteger a los hombres y velar por su salvación” (Ibid., p. 201). El Catecismo Romano (Catecismo del Concilio de Trento, publicado en 1566), enseñaba que “por providencia de Dios está dado a los Ángeles el cargo de guardar al linaje humano, y de estar prontos a socorrer a cada uno de los hombres para que no reciban ningún daño grave” (Cap. IX, IV, 1085).

El actual Catecismo de la Iglesia Católica, nos enseña que la existencia de los ángeles es una “verdad de fe”, “el testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición” (Catecismo, 328). Se nos dice que “los ángeles son servidores y mensajeros de Dios”; ellos contemplan el rostro de Dios (Cf., Mt 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103, 20) (Catecismo, 329). “En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales (…) e inmortales (…). Superan en perfección a todas las criaturas visibles” (Catecismo, 330). Respecto al tipo de culto que se puede dar a los ángeles es el de veneración. Podemos invocar su protección y auxilio en diversas circunstancias de nuestra vida.